5 métodos que no fallan para perder la grasa abdominal

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Tras una comida copiosa, todos pensamos que llega el momento de empezar a tomarse la vida más en serio. Algunos deciden practicar algún deporte, montar en bicicleta, pero otros muchos se decantan por vigilar la línea y la alimentación.


Para las personas que deciden seguir un régimen, antes de nada deben comentarlo con el médico o con el dietista. Pero si además se combina un tipo de régimen determinado con alguna actividad física, los efectos se pueden ver rápidamente.

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El régimen cretense o mediterráneo

Este régimen no tiene por objetivo último la pérdida de peso. En realidad se trata de un medio para limitar el colesterol malo y prevenir enfermedades cardiovasculares. El principio consiste en evitar las materias grasas tales como la mantequilla, productos a base de leche de vaca, azúcares rápidos, o carne roja. En contrapartida, se priorizan alimentos ricos en antioxidantes y en ácidos grasos omega-3 tales como frutas y verduras frescas, aceite de oliva, pescado, cereales integrales y nueces.

El régimen nórdico o escandinavo

Dentro de la misma línea encontramos el régimen nórdico que se decanta por una alimentación sana. Se trata de dejar de lado las grasas, las féculas, los azúcares malos, y evidentemente los platos industriales. En la mesa, se priorizan alimentos como los cereales integrales, verduras de raíz como la zanahoria, el rábano, la col, la remolacha, el apio y también se pone el acento en pescados grasos ricos en omega-3 como el salmón, la trucha, o el arenque.

El régimen Atkins

El objetivo del régimen Atkins es muy claro: adelgazar. Para poder perder peso, el método es más radical, puesto que se centra casi exclusivamente en la supresión de los glúcidos. Por tanto, hay que dejar de lado la repostería y el alcohol, pero también las féculas y las frutas. En contrapartida, las grasas y las proteínas no están prohibidas. Para compensar la falta de glúcidos, se debe optar por complementos alimenticios, y beber mucha agua.

El régimen hiperproteico

Como su nombre indica, este régimen pretende limitar drásticamente las calorías, aumentando el consumo de proteínas. Contrariamente al régimen Atkins, la finalidad es perder peso, pero sin eliminar la masa muscular. Por tanto, se excluyen las grasas y se reemplazan por carnes magras, pescado, productos lácteos con 0% de materia grasa, verduras, y huevos. De la misma forma que en el régimen anterior, hay que beber mucha agua.

El régimen Montignac

Sin duda alguna es el régimen más suave y accesible para todos. Concebido por un hombre de negocios, Michel Montignac, no pretende suprimir los azúcares y las grasas, sino seleccionar las buenas y aprender a disociarlas. También llamado “régimen de los managers”, este régimen va dirigido a hombres que suelen comer en el restaurante por razones profesionales.

Se trata de no consumir al mismo tiempo alimentos grasos y dulces, limitar los excesos tanto de alcohol, como de productos fritos, café, y otro tipo de repostería.

No cabe duda que la grasa del bajo vientre es difícil de eliminar. Estos cinco modelos de régimen que hemos presentado permiten perder la grasa del bajo vientre, sabiendo que no es algo imposible.

En resumen

No debemos perder de vista el lema fundamental de todos los regímenes, que es reducir el aporte calórico diario. Para ello debemos comer verdura y alimentos ricos en fibras. Hay que evitar el consumo de alimentos muy dulces, demasiado grasos o muy salados, y reducir el consumo de alcohol. La cerveza y la comida rápida hinchan el vientre, y por tanto se deben evitar. Igualmente, debemos evitar el consumo de materias grasas de origen animal como la nata o la mantequilla.

Una alimentación equilibrada y variada es un aliado importante para perder la grasa del bajo vientre rápidamente. Una correcta alimentación permite gestionar mejor el peso corporal. Como último consejo, es preferible comer carnes blancas como pavo o pollo con verduras. El hecho de comer de forma sana y, sobre todo en cantidades razonables, consigue satisfacer perfectamente las necesidades calóricas diarias.