El crudivorismo, una revolución alimenticia para perder peso

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En otras ocasiones hemos hablado de la alimentación vegetariana y vegana, hoy día nos centramos en el crudivorismo, un estilo de vida que no se aleja tanto de estas dos otras formas saludables de alimentarse.

La alimentación viviente, que consiste en consumir alimentos que no han sufrido más que un proceso de germinación o de fermentación, como únicas transformaciones, forma parte del concepto más amplio que es el crudivorismo. Este tipo de alimentación comporta esencialmente alimentos crudos o cocidos a una temperatura inferior a 40 grados.

Según los adeptos del régimencrudívoro, algunos consumen pescado y carne, mientras que otros los excluyen totalmente para nutrirse exclusivamente de frutas, verduras, algas, pan germinado, nueces, y semillas.

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El principio del crudivorismo

La alimentación viviente tiene por objetivo principal facilitar la digestión y la eliminación de residuos del organismo. De esta forma, prohibiendo todo tipo de cocción, las enzimas presentes naturalmente en los alimentos se preservan y permiten la digestión de los alimentos, sin recurrir a los órganos digestivos y al páncreas.

Comida sana

Cuando se cuecen los alimentos, sus enzimas son destruidas y estos órganos deben producir otras para permitir la digestión. El crudivorismo tiende por tanto a preservar los órganos internos, evitando que se cansen más de la cuenta.

A pesar de que es cierto que los alimentos contienen enzimas, es falso creer que estas enzimas son necesarias para la digestión. En efecto, las enzimas presentes en los alimentos pueden servir de catalizador a una gran gama de reacciones más allá de la digestión, y algunas de ellas favorecen el comienzo de la digestión.

Sin embargo, una vez que los alimentos están en el interior del estómago, el pH ácido de las secreciones gástricas destruye la mayoría de las enzimas presentes en los alimentos. Los órganos digestivos continúan el trabajo secretando todas las enzimas necesarias para continuar y terminar los procesos de digestión.

Por otro lado, también es cierto que la cocción no solo aporta cosas buenas. En efecto, ciertos tratamientos térmicos pueden destruir ciertas vitaminas. Por ejemplo, la cocción del agua hirviendo conlleva la pérdida de vitaminas y de minerales y los alimentos carbonizados pueden contener agentes considerados como cancerígenos.

En cualquier caso, el hecho de cocer los alimentos ha permitido que sean más digeribles y ofrecen una mayor biodisponibilidad de ciertos nutrientes como el licopeno, compuesto de la familia de los carotenoides, que da el color rojo a los tomates. La cocción permite igualmente ablandar las fibras alimenticias.

Estas contribuciones de la cocción proporcionan así más calorías y por tanto más energía que permiten el desarrollo del cerebro del ser humano. Además, la cocción de los alimentos permite destruir los microorganismos y las toxinas, reduciendo así los riesgos de infecciones tóxicas alimenticias.

Los beneficios del crudivorismo

El régimen crudívoro, por su aporte rico en fibras, vitaminas y proteínas, produce un sentimiento de bienestar y de saciedad a sus adeptos. Pero su principal ventaja es la de permitir una pérdida de peso.

En efecto, al necesitar mayor tiempo para masticar los alimentos, el efecto de saciedad aparecerá antes con relación a los consumidores de alimentos cocinados. Además, los alimentos consumidos crudos son menos calóricos que los cocinados. Según ciertos datos, la adopción de esta alimentación podría conllevar una pérdida de peso de unos 10 kilos tras varios meses.

Los riesgos del crudivorismo

Si la alimentación viviente reduce el aporte de calorías, esta puede igualmente ser deficitaria en ciertas vitaminas, calcio concretamente, necesarios para el buen funcionamiento del organismo. En los crudívoros encontramos una fragilidad ósea y una predisposición creciente a enfermedades cardiovasculares.

Por tanto, adoptando este régimen, es necesario consultar con un médico que pueda sugerir ciertos complementos para evitar cualquier tipo de carencia.